
“Miré a Tenzing y a pesar del pasamontañas, las gafas y la máscara incrustada de carámbanos, no podía ocultar la contagiosa sonrisa de puro deleite al contemplar cuanto le rodeaba. Nos estrechamos las manos y entonces Tenzing me echó el brazo sobre los hombros y nos dimos palmadas mutuas en la espalda hasta quedar casi sin aliento. Eran las 11.30. En la arista habíamos invertido dos horas y media, pero pareció una vida entera”.
SIR EDMUND HILLARY, relata el momento en el alcazó la cumbre del Everest, en mayo de 1953.

