
Sabemos, partiendo de las enseñanzas de Alejandro Jodorowsky y Marianne costa, que nuestras cuatro energías, la intelectual, la emocional, la sexual-creativa y la material, se mueven dirigidas hacia metas elevadas: el silencio, la paz, la satisfacción y la aceptación, respectivamente. Podemos añadir la vacuidad, la gratitud, la unión y el desapego. Todo ser humano y partiendo de los mismos centros de energía, es un proyecto de genio, santo, héroe y campeón. Aunque también pienso que hay metas intermedias, como estaciones de paso a las que llamamos deseos y actúan como resortes para lograr fines más elevados.
Partiendo de la premisa de que el cuerpo es sabio, infinitamente más sabio que la razón a la hora de saber lo que nos beneficia de lo que nos perjudica, parémonos a observar nuestras respuestas fisiológicas en diferentes momentos del día. Al estar en línea con lo que deseamos, el cuerpo experimenta salud, placer, relajación, bienestar… al alejarnos de ellas el cuerpo responde con ansiedad, tensión estrés, enfermedad…
Sabemos todos que experimentamos cambios diferentes en nuestro estado corporal en contacto con las actividades cotidianas, personas con las que nos relacionamos, pensamientos, alimentos, lugares, etc. Al detectarlos encontramos hitos que nos señalan contextos óptimos o pésimos para lograr lo que deseamos.
Propongo un ejercicio de mirada retrospectiva: en la última semana, detectar 10 contextos óptimos partiendo de recuerdos corporales de placidez, placer… Detectar también respuestas contrarias, esto es, ansiedad, tensión… y asociarlas con 10 contextos pésimos.
El cuerpo, con su propio lenguaje, nos enseña el camino.

