
Esta es la curiosa historia de dos psicoanalistas que viven en el mismo edificio. El segundo le escupe en las gafas al primero cada vez que se lo cruza. Éste siempre reacciona limpiándose las gafas y siguiendo su camino.
El portero, extrañado, le pregunta cómo es posible que no se enfade ante tal actitud de ese vecino.
El primer psicoanalista responde: “Es su problema, no el mío”.

