Cuando mutamos, todo lo que nos rodea debe también mutar. La identidad nos viene dada por el árbol genealógico y un buen trabajo de sanación del mismo, hace que uno se transforme y logre la identidad que le es propia. Una transformación interior debería de reflejarse en nuestra casa, nuestro lugar de trabajo, nuestras ropas… y no tener miedo a la renovación.
Decir que somos otros, pero sin despojarnos de nada, podría indicarnos que aún hay mucho trabajo por hacer.


