
¿Si el corazón no venciera el obstáculo del “Soy yo”cómo podría agradecer al “Yo soy”?
Sin pérdida y sin razón, no pudiendo dar nada, recibiendo
otorga el placer de dar.
Aquello que el don despierta en su alma
vuelta humilde, es el júbilo por la existencia del otro.
Quien ha sabido recibir, agradece no sólo a los vivos
sino también a los muertos
porque siguen aportando su alimento a través de la memoria,
cementerio donde las tumbas manan miel.
Agradece a las misteriosas causas que le conceden el instante magnífico
en que todo sucede para él.
Entonces no sufre por lo que ha perdido, se alegra por el tiempo que lo tuvo.
Amando al ser efímero, ama al no ser eterno.
Amando todos los límites, ama el espacio sin fin.
Jodorowsky en “La escalera de los ángeles”

