
Cientos de clítoris helados, ninguneados y hastiados de una vida sin sentido, se escaparon de sus cuerpos y se reunieron en un confesionario. Se corrió la voz de tan loca asamblea y pronto fueron tantos, y hubo tanto roce, que en el confesionario subió la temperatura.
-¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego!
Salieron todos y corrieron a refugiarse de nuevo en sus respectivos cuerpos, mientras el confesionario ardía en llamas.
Milagrosamente, ya nunca más se aburrieron.
…
Un gran arquitecto proyectó una catedral de cristal. Los problemas técnicos que supuso tal desafío, por la enorme fragilidad del material empleado, no eran nada comparados con el malestar que generó en los feligreses. Estos se sentían observados desde el exterior y en continuo peligro ya que cualquier rotura podía resultar fatal…
Parece ser que el constructor pretendió que nadie buscara la verdad en el templo, por ese motivo lo diseñó como un lugar frágil y peligroso. Sin embargo, un par de siglos después, el lugar se convirtió en cuna de la santidad y en el más visitado del mundo.










es como aquell@s que cuando hablan de “guerra santa” terminan sólo hablando de “guerra” y se olvidan lo de “santa”… Triste equivocación la del inventor de tal expresión.