
Dos direcciones a seguir, dos trabajos, dos finalidades… Se preguntó: “¿Cuál es el sendero adecuado? ¿Son en realidad caminos hacia ninguna parte?”
En ese instante escuchó una voz interior que le dijo: “No excluyas opciones complementarias, haz las dos. Suma en vez de restar. Aprende”
…
Nació un niño aparentemente normal, pero cuando ingresó en la escuela, sus maestros se dieron cuenta de que padecía un defecto en la visión. Se trataba de una especie de ceguera a dos colores: el blanco y el negro. Lo trataron oftalmólogos, psicólogos y pedagogos sin éxito alguno. Al ir creciendo, esta ceguera a los opuestos se generalizó a todas las parcelas de la realidad. No veía nada sin ver en ello lo contrario.











que maravilla de cuentos!
hace poco entendí que el arte era complementario con la vida y que cualquier etiqueta de artista en particular era un celda.. se pueden hacer tantas cosas! uno es todo y nada!
Gracias por tu comentario, Fran.
Un abrazo.
Si,podemos sumar y aunque a veces nos enseñan a integrar hay caminos tan opuestos que vas eligiendo cada año cual seguir…
Antes me obligaba a elegir uno,ahora sé que va por épocas
Gracias por esa reflexión que compartes…
Un fuerte abrazo para ti