Se encontró irremediablemente perdido en un laberinto que tenía el piso lleno de agua. Al verse reflejado en ese espejo líquido, pensó: “A mí me va mal. pero a mi reflejo le va peor. Si yo no salgo, él tampoco lo hará”. Aquel pequeño consuelo pudo alegrarlo. “¡Además es más débil! ¡Si le lanzo esta piedra, se disolverá!” Con una risa cruel arrojó su proyectil. Esperó que el reflejo se deformara. Éste, intacto, lo observó desde la superficie. Sintió una intensa vibración, las pareces se llenaron de ondulaciones, su cuerpo explotó en un cardumen de manchas enloquecidas. Antes de perderse en la nada, pudo darse cuenta de que su mundo había sido una ilusión acuática y de que, en realidad, el reflejo era él.
Alejandro Jodorowsky
Ilustración: Boucq















¿y como rompemos con esa ilusion, esa ilusion de nosotros mismos, ese reflejos que no somos?
[...] ▶ EL LABERINTO INUNDADO [...]
En apenas un párrafo, logras expresar tanto… ¡Qué difícil y complejo ser apenas un reflejo!