
Como no encontraba con qué escribir una nota para su marido, le hizo un bodegón sobre la mesa a modo de jeroglífico. Puso unas monedas y las botellas de leche vacías, para avisarlo de que debía hacer la compra. Al llegar y ver aquello, el marido entró en cólera y lo tiró todo por la ventana, pensando que ella se había fugado con el lechero. Maldijo a su mujer y se marchó de casa para siempre. Ella, acabó sus días pensando que él se había fugado con alguna tendera.
…
Los consejos resultaban inútiles porque vivía prisionero en una estrecha jaula mental. Lo conocían como “el mutilado”. Sin embargo un día decidió mudarse a una jaula más amplia en la que empezó a escuchar algunas voces lejanas y a ver cosas que creía invisibles.











Jeje, vaya lío, lo que me sorprende es que esas dos personas formaran pareja… esos malentendidos sólo les pasan a personas que apenas se conocen!
Gracias por tu comentario…
La comunicación no siempre es sencilla