
El gato percibía energías que no pertenecían a lo que llamamos “realidad” y las expresaba utilizando un lenguaje no verbal. Su dueña aprendió a interpretar esas señales y profundizó tanto que un día empezó a ver ese otro mundo sin necesitar la presencia del gato
…
Llamaron a la puerta. El padre se levantó a abrir y no vio a nadie. Volvieron a llamar. Esta vez se levantó la madre, abrió la puerta y la volvió a cerrar al instante. “Juraría que habían llamado”.
El niño, en la alfombra jugaba contento. Ya estaban en casa los dos vecinos del ático.










Es verdad es sorprendente la capacidad que tiene mi gata de saber cuando somos algunos de nosotros los que abrímos la puerta del portal, se levanta y espera a que entremos a casa.
Son muy intuitivos, sin duda!
Gracias por compartirlo.
Abrazos.
Hola.
no comprendi el segundo cuento.
gracias x la informacion.