Su padre no alcanzaba a comprenderlo, le decía: “Eres capaz de ir por la noche, a la otra punta del pueblo, caminando en solitario por calles mal iluminadas y sin embargo no te atreves a subir a tu propia habitación”
Lo que el niño temía era su propia oscuridad, tal vez por eso el lugar más problemático dentro de la casa era su habitación. A medida que fue abriendo puertas interiores que daban acceso a universos inexplorados, también fue superando sus miedos.
…
Descalza, despeinada, con pantalones tejanos y llena de churretes era capaz cantarle al viento, columpiándose fuerte hasta volar por encima de los pinos que bordeaban su casa de verano. Cuando su madre y su abuela le ponían sandalias de charol, el pelo repeinado con dos coletas estiradas, su cuerpo enfundado en un vestido rosa de piqué y con la piel enjabonada, no era capaz de abrir la boca ni moverse de una silla.











De mayor, si algún día siente que la vida se estanca, se pinta unos churretes plateados y sigue avanzando, cada uno de sus pasos dibuja un camino lleno de estrellas refulgentes…
Muchas gracias por esta aportación que haces…
Un abrazo para ti