
Llego con su pequeño velero a una isla. Pronto descubrió que allí no había signos de vida humana por ninguna parte, pero no faltaba la comida. Pasaban los días y con ellos aumentaba su inseguridad. Con las herramientas que traía en su barca y sus conocimientos como arquitecto se propuso construir un refugio subterráneo. Un trabajo que le ocupó los siguientes diez años de su vida. En el interior del refugio añadió una cámara de máxima seguridad, el único lugar donde se sentía en paz.
Tres barreras lo separaban del mundo: la isla, el refugio y la cámara. ¿Por qué tanto miedo a lo de afuera? ¿No estaría utilizando su miedo para protegerse de si mismo?
…
El gobierno de Psistonia creó un centro especial para socializar a los aquejados del SAG, “síndrome de aislamiento grave”. Llegaron de todo el país personas cubiertas de una capa de grasa, otros llenos de acné, algunos con la piel dura como la de una tortuga; un gran número de ellos con mutismo crónico y otros con problemas cardiorespiratorios y de hipertensión, presos de una coraza en el corazón que ya formaba parte de sus penosas anatomías.
Los expertos seleccionados por los dirigentes del ministerio de salud pública de Psistonia, los reunieron a todos en un “salón de interiorización” y lanzaron una primera orden:
-Cerrar los ojos y buscad dentro de vosotros, escuchad, sentir… Hasta que no encontréis la presencia de vuestro Ser Esencial no estaréis listos para pasar al “salón de encuentros”.
Al cabo de unos días, los antiguos aquejados del SAG celebraban en el “salón del compartir” la fiesta de despedida. El programa había terminado.















A buscarlo entonces