En aquel extraño puesto ambulante, vendían espejos en los que se reflejaba el ser interior de todo el que se asomase a ellos.
La gente desconfiaba, pensaba que tenían alguna trampa, pues en sus lunas aparecían, cada vez que los compradores se acercaba a ellos, unos diamantes enormes, brillantes como la luz de las estrellas. Pero esos espejos no tenían ningún truco, todos albergamos un ser invisible, tan puro como un diamante y tan luminoso como el sol.
Pasaban los días, los meses, los años, y los espejos nunca se vendían. Los caminantes pasaban de largo, como pasan por la vida, sin conocer la riqueza que llevan en su interior.
…
Decidió empezar a conocerse, saber quién era. Descubrió que cada persona con la que se encontraba era una lección por aprender y que lo que los demás llamaban “el mundo” era como un enorme espejo que reflejaba la situación de cada cual. Había tantos mundos como personas dispuestas a verse reflejadas…















A MI ME GUSTARIA VER EN UNO DE ESOS ESPEJOS AUNQUE TAMBIEN TENGO QUE ACEPTAR QUE ME DARIA MIEDO NO ENCONTRARME CON LO QUE ESPERO… AUNQUE AUN ASÍ CREO FIELMENTE EN QUE CON MUCHO TRABAJO E INTERES SE PODRIA MODIFICARLO PARA QUE ME GUSTE…… LO MAS CIURIOSO DE ESTO ES QUE MIENTRAS ESCRIBO ME DOY CUENTA DE QUE DOY POR HECO QUE NO ME GUSTARIA LO QUE VERIA EN MI INTERIOR…..¿CREO QUE ACABO DE HACER UNA CATARSIS? …. BUENO PUES LA COMPARTO CON USTEDES!!!
Un abrazo fuerte.
Muy cierto, no nos damos cuenta de la belleza interior que poseemos. Triste cuando lo vemos y no lo creemos.
Sí, talume. Pero es tiempo de empezar a ser conscientes de este diamante que llevamos dentro y de saber verlo en los demás.
Un gran abrazo lleno de luz para ti.