
La arbolista preguntó al consultante: ¿Cuál es la finalidad de tu vida en estos momentos?
-“Quiero encontrar pareja”, fue la respuesta del hombre, que rozaba los cuarenta años a pesar de su imagen infantil.
Aquella finalidad indicaba varias cosas, la primera era que estaba frente a alguien que tenía un nivel de conciencia romántico. Cuando la pareja es vista como la media naranja que viene a completarnos y a resolver nuestros problemas. La segunda era un poderoso nudo incestuoso con su madre, con la que formaba una pareja inconsciente que impedía cualquier otra pareja. La tercera, derivada de la anterior, era la evidente virginidad impuesta por las circunstancias.
La arbolista abrió una botella de agua mineral, mientras pensaba las palabras para explicarle que el encuentro con la pareja no es la felicidad que se vende en las películas, sino el inicio de un duro trabajo. Tendría que hacerle ver que la pareja es una terapia.
***
-¡Quiero encontrar pareja!, ¡quiero encontrar pareja!, ¡quiero encontrar pareja!-gritaba desesperada Sandra desde su azotea.
Ningún chico se acercaba a ella, pues es horrible “ser la solución” a los problemas de otra persona.
-¡Soy feliz! ¡Soy feliz! ¡Soy feliz!-gritó una buena Sandra mañana asomada a su pretil.
Y…¡sorpresa!. Atrajo entonces a Alberto, un apuesto mozo, dispuesto a compartir con ella cada día de su vida.
Imagen: Torkil Gudnason











Me gustó el cuento.
y ahi, en buscar solo la otra mitad de la persona, cuando sí la encuentra ocasiona que sólo mitades de personas hagan una pareja autodestructiva, ¿no?
Probablemente! Gracias por compartir tu reflexión.
Abrazos.
Amor es la palabra que he escogido
porque es fuerza divina que hiciste en mi crecer
que siento, que vivo, y es contigo,
que es eterna la dicha, y se hace puro el placer.
Positiva bellaza de bondad y alegría,
Te casaste conmigo, y por tí lo encontré.