
Alejandro Jodorowsky: En este período donde en muchos países se preparan las elecciones para designar a un nuevo Presidente, creo que sería útil a aquellos que votan leer esta fábula:
Por causa de la incapacidad y la corrupción de sus funcionarios, aquel país estaba al borde de la hambruna. El descontento era general. Para evitar una revolución que – a pesar de que sería sojuzgada porque el ejército estaba equipado con las mejores armas- ensangrentaría al país disminuyendo peligrosamente la mano de obra, el Rey decidió visitar a sus cadavéricos súbditos. Los mejores publicistas prepararon una campaña con frases impresionantes: “¡Si yo lo digo, es porque usted lo piensa!” “¡Piense bien, trabaje bien y yo actuaré justo!”, etc… Sus carteles contaban con dibujos tales como manos reales abiertas desparramando trigo, o un monarca vestido de futbolista pateando una pelota en la que decía “miseria”… La propaganda despertó fe y esperanza. Las ciudades se engalanaron de banderolas con la efigie del Rey, sonriente. Los campesinos pintaron de colores encendidos las maderas podridas de las chozas que estaban al borde del camino por donde pasaría la comitiva real. ¡Y llegó el gran momento! El pueblo se aglomeró frente al estrado portátil. El monarca alzó una mano y con aire severo preguntó: “¿Cuánto ganáis al día?” Los campesinos respondieron a coro: “¡Un sueldo miserable: cuatro pesos en la mañana, al comenzar el trabajo, y tres pesos en la noche, al terminar la atroz jornada!” El Rey exclamó: “¡Eso es una injusticia! ¡Desde hoy todo trabajador ganará al comenzar su tarea, la suma de tres pesos, y al terminarla, como justo premio a su labor, se le aumentará el salario a cuatro pesos!” La multitud estalló en ovaciones y el país se calmó… hasta que llegó la hambruna.
Algunos mandatarios desean mantenerse en el poder sin importarles dar soluciones verdaderas. El pueblo se se deja engañar por cambios aparatosos que sólo son formales, y los problemas, bajo optimistas campañas, siguen madurando hasta que llega el momento en que la cruel realidad aparece, implacable. ¡Tiene tanta culpa el que se deja engañar como el que engaña!.














Es como si escribiese acerca de Evo Morales(vivo en Bolivia). Algunos politicos carismaticos logran convencer o comprar al pueblo o a todo el mundo, siendo lo mismo que sus predecesores o peores aun. A pesar de ser politico, Abraham Lincoln dijo algo sabio “puedes enganhar a algunos todo el tiempo; puedes enganhar a todos algun tiempo; pero no puedes enganhar a todos todo el tiempo”. La politica es cada vez mas caduca, lo unico que sobrevivira es la consciencia y el amor.
O parece que recordó la gran campaña del famoso “cambio” en México con Fox, cuyo partido consiguió la sucesión de la Presidencia con Calderón (actualmente), y el “cambio” sigue sin llegar, o mejor dicho, el cambio ha pasado del hambre a la desnutrición, de la inversión al comercio de drogas, de la escuela básica a la ignorancia.
Como lo ha dicho Jodorowsky en su momento: “Si queremos cambiar el mundo, primero debemos cambiar nuestra manera de verlo”… y depende de los ciudadanos cambiar un país, no de los gobernantes.
Un abrazo
Muchas gracias por tus palabras…
Un abrazo
Màs que estar atenta a los errores de los otros, me parece que he de trabajar en los mios para relacionarme de otra manera con los demas y con el entorno.
Creo que tiene mas culpa el que se deja engañar que el que engaña; pues si no lo permitiese no habria engañadores, por lo tanto no habria culpables…o si?
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