
Alejandro Jodorowsky: Algunos políticos, en su embriaguez de poder, olvidan que es el pueblo quien les dio el mando y no cesan de oprimirlo. Cuando terminan su período, esa cruel ingratitud y vanidosa prepotencia es castigada con el repudio, la indiferencia y por fin, el olvido… En la Biblia, nunca se adjudica al hombre la palabra “crear”, sólo se le permite “transformar”. Cabalah, en hebreo quiere decir “lo que es recibido”. Todos los valores que tenemos, no los hemos creado nosotros, los hemos recibido de la conciencia cósmica. Falto de otra palabra para definir esta conciencia, me permito llamarla “Dios”. Si recibimos pensamientos, sentimientos y deseos transformadores, nuestro deber es transmitirlos, actuando como canal, sin creer que somos nosotros los creadores de tales dones. Saber agradecer, es esencial. La siguiente fábula puede ser útil:
Unos niños comenzaron a lanzar piedras hacia el cielo para ver quién llegaba más alto. Los guijarros, que durante años habían reposado en la tierra, al ser sacados de su letargo, agradecían con devoción a esos dedos hábiles y se entregaban eufóricos al impulso que los hacía elevarse hacia el centro del firmamento. Una de las piedras cayó entre las manos del niño más fornido y se deshizo en promesas: “¡Juró que nunca te olvidaré: pagaré tu confianza cuando llegue al cenit!”. Tan rápidamente como sobrepasó a los otros proyectiles en su ascenso, borró de su memoria al lanzador: “¡No le debo nada a nadie: soy hija de mi propia fuerza!” Y un sentimiento de desprecio la embargó.: “¡Yo mando y si alguno de mis inferiores osa negarlo, ordenaré ejecutarlo!” Miró el éter infinito y quiso con angurria llegar a la cúspide. Sin embargo, en medio del triunfo, notó que la carrera iba disminuyendo y que ya no subía como antes. Hizo lo que estaba de su parte para darse impulso. pero no pudo dejar de detenerse. En esos segundos pensó: “Ya no puedo llegar más alto, debo reconocerlo. Pero aquí estoy, arriba de todos. ¡Me apoderaré de este nivel y aquí permaneceré para siempre, aunque tenga que destruir a quien pretenda usurpar mi sitio!” Vanas ilusiones: la gravedad implacable la hizo caer. Se estrelló contra el polvo. Los niños, displicentes, buscaron otras piedras. La nuestra, sacando humildad quién sabe de dónde, rogó: “¡Niños míos, no me abandonen, yo nunca los olvidé! ¡Todo lo que hice fue gracias a ustedes!¡ Vuélvanme a lanzar y les juro que esta vez mi agradecimiento se tornará en bienestar para todos!” ¿Quién iba a oírla? ¿Quién iba a darle importancia a un guijarro inerte?… Otra piedra que cayó junto a él y que había sido menos ambiciosa, le dijo, burlona: “¿Si eres tan fuerte, por qué no saltas tú solita hacia el cielo?”














Hola Don Alejandro.
Su fábula me pareció excelente. Creo que los políticos son las personas en donde mejor se da el ciclo ayúdame-si te he visto no me acuerdo-arrepentimiento-falsa humildad-bis. Conozco mucha gente que esta lejos de ser cercana a la política tal como la conocemos, pero muestran exactamente la misma actitud pero con sus más cercanos, y no creo que mi familia y amigos sean la excepción, podrán pasar mil años más (0 200 año más) y esa actitud podría continuar siendo una de las dominantes. Me hace reflexionar desde puntos de vista desacostumbrados lo que escribe.
Saludos.
Gracias por compartir tu reflexión…
Un abrazo para ti
Que de cierto tiene sus palabras……es una fábula espectacular que devela una realidad indomable como la que vivimos en Venezuela….
Me hace reflexionar y sobre todo internalizar que el tirano no es más elevado en su ego y en su poderío sino es por la fuerza de la mano de ese “niño” que aún no escucha y no aprende….y vuelve a tomar a la misma piedra…..Sólo espero en Dios padre que la “gravedad implacable” la haga caer para ser olvidada entre tantos guijarros viejos. AMEN
Gracias por el comentario…
Un abrazo