PLANO CREATIVO

Piel de plata, Alejandro Jodorowsky octubre 7, 2010

Archivado en: Alejandro Jodorowsky,La poesía,vídeos — planocreativo @ 1:05 am

 

Texto:

Cuando ciego te buscaba,
Mi alma te iba pariendo
Mientras dejaba huellas con la forma de una luna
No había paredes en mi cuarto
Solamente rincones donde sombras con mil brazos
Pedían resplandores.
No había un pan en mi altar
Y en el viejo pergamino
Las moscas devoraban las amargas letras sagradas.

No crecía un árbol de manzanas en mi solitario lecho
Y a los dedos de mis manos se los llevaba el viento.
Fue así como te hice, convirtiendo en carne mis sueños
Con el resplandor de la luna dándote una piel plata.

Colocando un ojo vivo en tus mil manos que imploran,
Para que doblada en cuatro, fueras el cáliz de mi mesa
Y en tus innumerables labios se tatuara el nuevo credo.
Tu voz sin fin entrando en el mundo
Como una hostia roja hasta paralizar el infinito espejo en una eterna imagen.

No crecía un árbol de manzanas en mi solitario lecho
Y a los dedos de mis manos se los llevaba el viento
Es así como te hice, convirtiendo en carne mis sueños
Con el resplandor de la luna dándote una piel plata

Alejandro Jodorowsky

Fuente: Lucas4Tristan

 

8 Responses to “Piel de plata, Alejandro Jodorowsky”

  1. Venga Jodorowsky que buen poema hermano maestro, me gustaria conocerte en verdad…
    Buna energia desde Mexico

  2. Jorge Luis RB Dice:

    Muy bonito. Va a mis favoritos :)

  3. Artemio Dice:

    Imágenes que desgarran y permiten la vida…
    Maestro

  4. juana Dice:

    la tarde pesa
    se estira
    regala manzanas

    es buena,
    me escurre y me cuelga
    en el tender,
    afuera
    a secarme un poco

    una brisa me atraviesa
    como una flecha
    que no tiene
    donde clavarse
    y no hiere
    sólo por eso

  5. Indra Dice:

    Canto del Macho Anciano -
    Viviendo del recuerdo, amamantándome
    del recuerdo, el recuerdo me envuelve y al retornar
    a la gran soledad de la adolescencia,
    padre y abuelo, padre de innumerables familias,
    rasguño los rescoldos, y la ceniza helada agranda
    la desesperación
    en la que todos están muertos entre muertos,
    y la más amada de las mujeres, retumba en
    la tumba de truenos y héroes
    labrada con palancas universales o como bramando.

    ¿En qué bosques de fusiles nos esconderemos
    de aquestos pellejos ardiendo?
    porque es terrible el seguirse a sí mismo cuando
    lo hicimos todo, lo quisimos todo,
    lo pudimos todo y se nos quebraron
    las manos,
    las manos y los dientes mordiendo hierro con
    fuego;
    y ahora como se desciende terriblemente de
    lo cotidiano a lo infinito, ataúd por ataúd,
    desbarrancándonos como peñascos o como caballos
    mundo abajo,
    vamos con extraños, paso a paso y tranco a tranco
    midiendo el derrumbamiento general,
    calculándolo, a la sordina,
    y de ahí entonces la prudencia que es la derrota
    de la ancianidad;
    vacías restan las botellas,
    gastados los zapatos y desaparecidos los amigos
    más queridos, nuestro viejo tiempo, la época
    y tú, Winétt, colosal e inexorable.

    Todas las cosas van siguiendo mis pisadas
    ladrando desesperadamente,
    como un acompañamiento fúnebre, mordiendo
    el siniestro funeral del mundo, como
    el entierro nacional
    de las edades, y yo voy muerto andando.
    Infinitamente cansado, desengañado, errado,
    con la sensación categórica de haberme equivocado
    en lo ejecutado o desperdiciado
    o abandonado o atropellado al avatar del
    destino
    en la inutilidad de existir y su gran carrera
    despedazada;
    comprendo y admiro a los líderes,
    pero soy el coordinador de la angustia del universo,
    el suicida que apostó su destino a la baraja
    de la expresionalidad y lo ganó perdiendo
    el derecho a perderlo,
    el hombre que rompe su época y arrasándola, le da
    categoría y régimen,
    pero queda hecho pedazos y a la expectativa;
    rompiente de jubilaciones, ariete y símbolo
    de piedra,
    anhelo ya la antigua plaza de provincia
    y la discusión con los pájaros, el vagabundaje y
    la retreta apolillada en los extramuros.

    Está lloviendo, está lloviendo, está lloviendo,
    ¡ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo
    siempre y el vendaval desenfrenado que
    yo soy íntegro, se asocie
    a la personalidad popular del huracán!

    A la manera de la estación de ferrocarriles,
    mi situación está poblada de adioses y de ausencia,
    una gran lágrima enfurecida
    derrama tiempo con sueño y águilas tristes;
    cae la tarde en la literatura y no hicimos lo que
    pudimos,
    cuando hicimos lo que quisimos con nuestro pellejo.

    El aventurero de los océanos deshabitados,
    el descubridor, el conquistador, el gobernador
    de naciones y el fundador de ciudades
    tentaculares,
    como un gran capitán frustrado,
    rememorando lo soñado como errado y vil
    o trocando en el escarnio celestial del
    vocabulario
    espadas por poemas, entregó la cuchilla rota del
    canto
    al soñador que arrastraría adentro del pecho
    universal muerto, el cadáver de un conductor
    de pueblos,
    con un bastón de mariscal tronchado y echando
    llamas.

    El “borracho, bestial, lascivo e iconoclasta” como el
    cíclope de Eurípides,
    queriendo y muriendo de amor, abrasándola
    a la amada en temporal de besos, es ya nada más
    que un león herido y mordido de cóndores

    Caduco en la “República asesinada”
    y como el dolor nacional es mío, el dolor popular me
    horada la palabra, desgarrándome,
    como si todos los niños hambrientos de Chile fueran
    mis parientes;
    el trágico y el dionisíaco naufragan en este enorme
    atado de lujuria en angustia, y la acometida
    agonal
    se estrella la cabeza en las murallas enarboladas de
    sol caído,
    trompetas botadas, botellas quebradas, banderas ajadas
    ensangrentadas por el martirio del trabajo mal
    pagado;
    escucho la muerte roncando por debajo del mundo
    a la manera de las culebras, a la manera de las
    escopetas apuntándonos a la cabeza, a la
    manera
    de Dios, que no existió nunca.


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