
Alejandro Jodorowsky: Muchas veces somos cómplices de lo que nos sucede. Sembramos circunstancias desfavorables, diciéndonos que tenemos “mala suerte”. Acusamos al mundo de lo que nosotros mismos nos hacemos. Esta fábula puede ser útil:
En una selva exuberante, llena de animales dedicados a la tarea de devorarse los unos a los otros, de convertirse en plaga para los árboles a riesgo de exterminar su mundo, de invadir nidos ajenos, o de conquistar territorios ricos en alimento, un león se hizo emperador. Cada mañana le era ofrecida una docena de bestias varias para su desayuno. No tenía más que abrir el hocico para que las víctimas, convencidas por los ancianos de lo sagrado de su sacrificio, metieran voluntariamente la cabeza entre sus colmillos. Después de la copiosa comida, el felino dormía profundamente y sus ronquidos eran escuchados hasta los extremos límites de la selva, dando paz a todos, no porque cumplía con su deber sino porque en esos momentos se tenía la seguridad que nada malo iba a hacer… Un día un explorador se topó con la bestia dormida. Era tan enorme el animal que el hombre tembló, transpiró, removió su mengua seca y lleno de terror, hincándose ante las fauces nauseabundas, imploró: “¡Por favor, no me comas!” El león, feliz en su lecho de hierbas frescas, entregado a la digestión, profundamente dormido, no se dio por enterado. El hombre gritó hasta rasparse el gaznate: “¡Te lo ruego, no me comas!” El monarca no lo oyó. El viajero, exasperado, se acercó a él y tomándole las mandíbulas, las separó para meter su cabeza ahí y gritar entre los colmillos: “¡No me devores, por favor!” El león no se despertó. El señor pegó la boca a su oreja peluda y llenando sus pulmones expulsó violentamente otra vez su pedido: “¡No me comaaaas!” Furioso porque el animal no lo tomaba en cuenta, se lanzó sobre él hecho un remolino de puñetazos y patadas. Decidido a todo, juntó sus pies y saltó sobre la cola del monstruo para reducírsela a papilla. El león, adolorido, abrió los ojos. Vio al energúmeno atacándolo. Estalló en real cólera y abriendo sus fauces apresó al explorador para partirlo en dos. Éste apenas tuvo tiempo para quejarse: “¡Qué mala suerte tengo! ¡Me está devorando un león!”.
Nosotros mismos provocamos la mayor parte de nuestros males. El primer paso para solucionar un problema es lograr el equilibrio interior.














Buenisimo!!!
Somos victimas o beneficiarios de nosotros mismos, de nuestros pensamientos, actos, sentimientos, frustraciones e impulsos.Despues buscamos a quien o a que echarle la culpa.
Existe el equilibrio interior?
Echar piedras sobre el propio tejado, dice el refrán de la gente. Guerra permanente contra uno mismo. El equilibrio interior existe, pero es frágil, no sólo depende de nuestro arsenal de recursos, juegan un papel muy importante las relaciones, también frágiles, que mantenemos con los demás.
Efectivamente! Muy Fragil, por momentos es desequilibrio interior!!
mi felicidad depende de mi… no de ti…
Soy Feliz!!! y que felicidad poder leer esto saber que me re-confirmo con mi esencia y mis afirmaciones y mi quilibrio interior.
Gracias…..
Pero que impulsaba a ese viajero a poner la cabeza dentro de la cabeza del leon? Queria morir? era tonto? era un provocador? tenia remedio? la gente como el, no tiene remedio?
y como llegamos a ser conscientes de que debemos olvidar el horror y no gritarle a la bestia dormida ? nuestro andar sería distinto si supiéramos las consecuencias de nuestros actos. Deseo adquirir tal conciencia para no vivir la vida a punto se ser devorada…aunque creo que el león me devoró muchas veces je je y lo triste es que me vuelve a pasar.
Excelentel, asi somos de tozudosy de ignorantes.