
Como locutor de deportes su trabajo consistía en retransmitir los partidos de fútbol. En su quehacer diario estaba permitido expresar las mayores sandeces sin que nadie dijera nada. Por ejemplo: “debió disparar la pena máxima por el otro lado, por el que no se lanzó el portero” Aunque su verdadero “don” consistía en anticipar lo que iba a suceder en esos combates deportivos.
Decía: “¿De qué me sirve conocer esa información? En ocasiones son unos los vencedores, y en otras los contrarios, pero lo cierto es que en este juego nunca ganan todos. ¿Se han parado a pensar qué es lo que obtienen los sufridos espectadores?”
Imagen: Christopher Haines













Los sufridos espectadores obtienen algo muy valioso para un espectador, distanciamiento de si mismos, evitar actuar o interactuar, porque actuar entraña peligros y ser espectador te deja al margen de todo posible daño. El espectador que sufre es porque se identifica, su sufrimiento es por identificación, no porque tome parte de la acción. Es un sufrimiento de segunda mano, que no duele de verdad.
sanación espiritual. …
“Psicomagia”
… durante el sueño seguía emitiendo las retransmisiones.
Una noche descubrió que si se anticipaba 13 segundos a la hora de retransmitir un hecho, éste acontecía por raro que pudiera parecer.
Así empezó a describir como el linier hacía malabares con las banderitas, el árbritro bailaba samba cada vez que pitaba un córner y los jugadores avanzaban de puntillas como bailarines con tutú.
Por increíble que suene, un día lo probó estando en vigilia. Funcionó. Se dio cuenta de que los espectadores también pueden influir en lo que sucede.
Pero un día, 13 segundos antes de iniciar el partido se vio a sí mismo en el centro del estadio, patiando el balón en el inicio del partido… ¿pero cómo, si nunca había jugado fútbol?