
A la orilla de la playa, sobre un mantel triangular extendido sobre la arena, una hija y su padre toman una ensalada de cactus. Ella, nombra con devoción a su padrastro cuando una enorme ola rompe sobre sus platos.
“Ni el divorcio ni la muerte rompen las triadas originales”, reflexionó una bañista que pasaba por allí.
Imagen: José Puma













Del canasto que la muchacha había traído, empezaron a salir manteles triangulares, cada uno de un color diferente, cada uno con un estampado particular. Infinitos manteles de tres lados brotaban del cesto sin parar…
La hija y su padre, terminada la ensalada, se pusieron a cubrir la arena con todos los manteles y anudándolos entre ellos formaron un patchwork súblime, maravilloso.
La sinfonía de colores, texturas y dibujos dejaba boquiabiertos a los bañistas que por allí pasaban. Se oyó que uno decía: “¡Qué bonito resultado cuando los nudos se usan de forma tan útil y bella!”