
Un buen día se levantó con un par de brazos de más. En la mañana, observó que éstos se movían por su propia voluntad, realizando movimientos en la mayoría de las veces armoniosos, lentos y simétricos, pero otras enérgicos y rápidos, el derecho a un ritmo y el izquierdo en otro. A pesar de la extrañeza de sus nuevas extremidades, no se sentía molesta, sino agradecida, “algún sentido tendrán…”, se decía.
A medio día salió a la calle y al doblar una esquina, justo en el centro de la plaza, se topó con un grupo de músicos distraídos. Al acercarse a ellos, éstos vieron sus brazos en movimiento e inmediatamente comenzaron a tocar sus partituras de una forma sublime, dirigidos por un “director de orquesta” nacido de un sueño.
“¿Faltaba música en mi vida? ¿o más bien dirigir la que ya existe?”, se preguntaba mientras disfrutaba del concierto.
Imagen: Jordi Sàbat













Dejó las disquisiciones intelectuales para otro momento y al instante le nacieron dos nuevas piernas que se pusieron a bailar al ritmo de la música.
Con el tiempo aprendió a desdoblar brazos y piernas a voluntad. Descubrió que si se lo permitía, sin esperar aprobación de nadie, todos los sueños auténticos eran compatibles.
He leído algunas veces cómo alimentas las fábulas o cuentos que se publican. I like it
Me encanto gracias