Juan Trigo: Ninguna de las especies animales de este planeta siente miedo, sino temor, o lo que es lo mismo, moviliza sus mecanismos de defensa ante la percepción, olfateo o visión directa de un enemigo o peligro real. El ser humano, ese peculiar Malade Imaginaire, pone en marcha generalmente mecanismos de defensa ante la presunción un peligro, por la imaginación de que algo grave pueda pasarle, aunque – y esto es lo mas grave – por su experiencia cotidiana puede haber aprendido las innumerables lecciones de aquel antiguo refrán por el que “solo en el momento de llegar al rio es cuando hay que pensar en quitarse los zapatos”, es decir que antes de movilizar muchas veces exagerados mecanismos de defensa puede optar por usar la lógica, investigar, cerciorarse y prepararse, antes que desarmarse por completo ante un ataque de miedo.
Si eso que comúnmente llamamos miedo diera lugar a un proceso concienzudo de preparación ante un eventual peligro o por el contrario el estudio de las posibilidades de huida, tal imaginación tendría un sentido positivo, pero no ocurre así, en la mayoría de los casos el animal humano se zambulle en febriles elucubraciones que tienen formas tan grotescas como los “¿porqué a mi? ¿Qué he hecho para merecer esto? todo está contra mí, solo me pasa a mí”, etc. Preguntas y afirmaciones absurdas sin respuesta, y que la persona en su fuero interno sabe que es así, pero, una vez más, en un intento por arruinar su corta vida la dilapida con pensamientos, impulsos eléctricos, que no hacen más que atacar la integridad física de su organismo.














Qué joya! Gracias!!!!!
y luego nos efermamos pum!
Este texto me sirve mucho para mi taller: De cara al miedo, que doy en México. Muchas gracias.