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Alejandro Jodorowsky: A esta santa curandera, cuya existencia revelé a los lectores por primera vez en mi libro “El Maestro y las Magas”, la conocí en la ciudad de México, en circunstancias muy peligrosas: me salvó de ser violado por un grupo de jóvenes prostitutos que negociaban en la gran Avenida Insurgentes. Yo, en días anteriores cometí el error de darle un puntapié en el trasero a uno que me había ofrecido sus bucales servicios. Doña Magdalena los conocía y los sanaba cuando les era necesario. Ellos la veneraban. Todo esto lo narré en mi libro. Comprendo que los hechos que cuento son tan extraordinarios que pueden resultar increíbles para algunos. Muchos amigos me han dicho con admiración “¡Que gran imaginación tienes!”… Sin embargo doña Magdalena existió. Hablo en pasado de ella porque ya ha muerto… En forma totalmente objetiva, sin delirios de ego ni narcisismo infantil, debo decir que vivo fuera del tiempo. Por supuesto que mi cuerpo envejeces, pero mi espíritu, no. He domesticado bastante a mi enorme ego, el que me sigue como un perro fiel y vivo la mayor parte de las horas llevado en brazos por mi Ser Esencial. He abierto una puerta entre mi mente consciente y mi acontecer inconsciente, y puedo encontrar albergue en el puente que une a mi lóbulo cerebral izquierdo con el derecho. Al mismo tiempo, como un apasionado matrimonio, utilizo a la razón y a la intuición… Por todo esto no puedo decir con exactitud cuándo me encontré con la santa. ¿Fue hace 40 o 50 años? ¿Antes de yo filmar “La Montaña sagrada” o después? Soy incapaz de saberlo. En mí todo el pasado es sólo “ayer”…
Ella me lo dijo sin ningún disimulo: “Tu vas a ser conocido en el mundo entero, lo que te voy a entregar no es mío, viene de lo más noble y profundo de la raza mexicana, si eres un verdadero ser, este tesoro, más tarde lo sembrarás en quienes tengan alma para entenderlo”. Durante los para mí pocos días en que me masajeó, al terminar hacía que nos sentáramos frente a frente y, mostrándome al mismo tiempo algunas posiciones de manos (mudras) me conducía con su voz transpersonal por mundos sublimes. Yo grabé todo esto. Y así, en forma gratuita, dejando en mis manos parte de su enseñanza, desapareció. La busqué preguntando por ella en todo el vecindario, nadie me supo decir algo. Pasaron 10 años. Tuve la suerte que en un curso de Karate-do me hundieran una costilla. Me recomendaron a una señora que todos los sábados dejaba abierta la puerta de su casa y masajeaba con inmensa habilidad, gratuitamente, a quien se lo solicitara. “realiza curaciones asombrosas” me dijeron.
Apenas llegó el sábado, fui muy temprano donde la señora Soledad, así la llamaban. Era una casa normal estilo clase media mexicana. En el pequeño salón y el comedor habían sentados, esperando su turno, unos 30 enfermos. En una silla de ruedas, una mujer anciana, de una tez pálida impresionante, acompañada de una gorda enfermera, cantaba con voz de niña, una y otra vez, sin nunca hacer una pausa, esto: “Fui paloma en el verano/ plumas blancas, cuerpo sano/ Un cuervo amé en el invierno/ mi corazón se hizo negro”. Supe después que la anciana era la madre de Soledad. Soledad ganaba su vida como actriz de cine. (En la última película escrita y dirigida por Alfonso Arau,”Emiliano Zapata” Soledad hizo el papel de una santa curandera). Ella, al verme entrar en su cuarto de masaje, abrió grandes los ojos. “Tú conociste a la Maestra. Me habló mucho de ti. Decía que te había dado una misión y haber si eras capaz de cumplirla”. Soledad me masajeó con la misma pasta que doña Magdalena usaba. Sin poder contenerme, me puse a llorar como un niño. Soledad me abrazó: “No has perdido a tu madre, niño querido del alma, ella estará siempre entre nosotros”. Descorrió la cortina de un pequeño altar. Ahí vi la foto de doña Magdalena que he publicado en esta serie de enseñanzas. En toda su vida doña Magdalena nunca permitió que la fotografiaran. Soledad me contó que ella la había obtenido, gracias a un amigo policía, de su cédula de identidad. La santa curandera no quería que se rindiera culto a su cuerpo o a su ego. (A mi me hizo jurar que en cuanto transcribiera las cintas, las quemara, para que ningún fetichista pudiera deificar su voz, cosa que he hecho)… Cuando le pedí hacer una copia de la fotografía , Soledad se negó. “La Santa aliviaba a mi madre. Mi madre la adoraba. Mi madre nunca me perdonaría darle una fotografía de su Santa a algún otro. Esa imágen es el único lazo que la ata ahora a la realidad”.
Diez años más tarde me enteré de un hecho atroz: la gorda enfermera se volvió loca y con un cuchillo de cocina separó del cuerpo la cabeza de la madre de Soledad… Me apresuré a escribirle a Soledad mis condolencias. Ella , sin ningún comentario escrito, me envió a París la copia de la fotografía de doña Magdalena. La llamé por teléfono. Me dijo una sola frase y cortó la comunicación: “Para nosotros doña Magdalena no ha muerto, sólo ha desaparecido”.
Dada la inmensa fama que adquirió Castaneda publicando las enseñanzas de don Juan, guardé unos 40 años esas cintas, no queriendo pasar por un imitador del célebre escritor. Ahora que nuevos medios de comunicación nos prestan sus servicios he aprovechado para transcribir algunas de esas cintas, sin ningún deseo de explotarlas comercialmente en libros. Sólo las iré publicando aquí, tal cual las registré, esperando que le sirvan a quien quiera desarrollar su conciencia. No hay propiedad privada. Son enseñanzas que les pertenecen a todos. Puedes copiarlas cuantas veces quieras. Y si esas meditaciones te sirven, no me lo agradezcas a mí sino a ese santo ser que incineró su individualidad para convertirse en mensajera del Ser Esencial que habita en lo profundo de ti mism@.














Que grande todo esto!
http://nelygarcia.wordpress.com. He leído las obras de Castaneda y aunque me han enseñado, considero que contienen muchos rituales innecesarios. Prefiero el último libro publicado por Alan Watts.
Wowwww Alejandro, Gracias, me dejaste sin palabras y con una gran sonrisa. De todo corazón te agradezco por haber compartido esto, tu Ser es maravilloso
Don Alejandro, que afortunado que es al encontrar a un ser como Doña Magdalena…
Atentamente
Mauro
GRACIAS!!!
Esto que acabo de leer me emocionó y me hiso recordar haber vivido episodios igual de magicos como este afortunado encuentro de vidas, con seres como la Sra. Magdalena y me encantaria poder plasmar esos recuerdos con el detalle que Don alejandro lo hace, no creo tener esa maestria, pero lo intentare, siempre es bueno compartir las cosas bellas que nos han pasado en la vida, mas aun si estas pueden ser un balsamo para el alma o una leección agradecible para otros, ¡gracias por compartir siempre sus enseñanzas!
Sr. Alejandro, desde hace no mucho tiempo lo sigo, xq me ha ayudado a salir adelante en algunas dificultades que se me presentaron, no pude evitar llorar al leer lo anterior, soy bisnieta de la madre de Soledad y me removió mucho el recordar ese momento tan duro para la familia, la tía Sol ha fallecido hace 1 año exactamente, pero ya nos acompaña desde el universo, su inmensa sabiduría no nos ha abandonado. En este momento pienso que las coincidencias no existen. Gracias.
¡ALMAS GRANDES! GRACIAS A TODAS
Mil gracias amigo, todavía no la he escuchado y se que son para mi.
Estoy emocionada antes de escucharlas. Abrazos para ti y para los que l creadores de esta pagina maravillosa.
alejandro…had a feeling Castenada would surface in conversation. I came to Don Juan by accident…saw classmates in Chemistry holding text books up to hide Carlos while reading. I inquired as to why…said they couldn’t put it down. Good enough, I ventured into the world as described by Don Juan through Carlos.
Though not my favorite of the set, Journey to Ixtlan shed light on life’s truism…it is the journey & not the destination we should adhere to. In the end, Ixtlan will not be there as we understood it before the experience.
I find his effort to be of a great achievement. Beside the Bible, the works of Castenada were nothing more than the map to navigating the wilderness of our existence. I say “nothing more” because what else could be more important?