
Se trata de una historia real que explicó una enfermera en Walvis Bay (Namibia):
Habían estado construyendo un centro médico en una zona bastante miserable y analfabeta. La idea era disminuir un poco la mortalidad infantil en esa zona tan remota, e inicialmente todo fue estupendamente, aunque a los indígenas les costaba un poco adaptarse a ese tipo de construcción, al uso de camillas y material médico, etc. porque no estaban acostumbrados.
Amaneció un día en el que una banda de ladrones había desvalijado el dispensario. Se lo habían llevado todo, hasta puertas, grifos y bombillas! Quedó todo el proyecto parado por un par de meses, hasta que finalmente acudieron unos hombres con unos sacos…. Eran los grifos y las bombillas que se habían llevado, y que ahora devolvían porque no funcionaban: ni los grifos daban agua, ni las bombillas luz.
Esta noticia absurda para los ojos occidentales debe hacernos reflexionar. Es aplicable a muchos ámbitos de nuestra vida:
En ocasiones escuchamos decir a un desconocido que tal remedio es absolutamente milagroso…y nos lo aplicamos. Pensamos que lo que fue bueno para él, también lo será para nosotros. El resultado final suele ser en algunas ocasiones como las bombillas que no dan luz, o los grifos que “desinstalados” tampoco dan agua…
Tal vez por ese motivo Alejandro Jodorowsky dice que hay que estar alerta respecto a la invasión de determinados chamanes, que fuera de su lugar de origen (de su cultura y entorno) poco nos pueden ofrecer. Sus métodos aquí no funcionan, y no lo hacen porque están fuera del “tiempo, lugar y gentes”… para los que fueron diseñados esos remedios.
Tal y como dicen los sufis, deberíamos realizar un continuo ejercicio de adaptación, deshaciendonos de costumbres que ya no nos resultan útiles en este momento de nuestra vida…














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