Kate Morton: Todas las familias tienen secretos guardados, hasta las más normales, porque todos los seres humanos hacen cosas de las que luego se arrepienten. Las silencian. Cuando alguien me dice “en mi familia no hay ningún secreto” yo pienso: “Lo que pasa es que todavía no lo has descubierto”.
*
El secreto es como un animalillo inmortal que se pretende ocultar en una generación, pero que en las siguientes reaparecerá ingeniosamente disfrazado.
Por vergüenza, por protección a los hijos o por diferentes miedos, hay hechos y circunstancias que las familias pretenden que no salgan a la luz. Estos secretos forman una estructura que se deslizará de diferentes maneras sobre las generaciones siguientes.
Los más comunes se refieren a enfermedades mentales, asesinatos, suicidios, violaciones, homosexualidad, incesto, prostitución, exilios, cárcel… Frecuentemente se manifiestan en los descendientes por medio de accidentes, fobias, repeticiones, psicosis, autismo, enfermedades congénitas que afectan a los órganos de los sentidos, quistes… Por ejemplo, una niña pierde la virginidad por accidente (una escopeta de juguete se le clava en el himen) en la misma fecha que su bisabuela fue violada, hecho que se mantuvo en secreto generación tras generación.
La realización personal de cada miembro del árbol y vivir en la autenticidad, tiene un gran valor profiláctico para la salud de nuevos frutos que estén por nacer.
Es posible que, como muchas enfermedades, su origen lo podamos situar en la infancia y esté causada por: una prohibición, una orden, una pérdida, sentirnos invadidos (abuso) o por una represión.
Los abusos suceden porque nos imponen algo o nos quitan algo en alguno de los niveles. Tras un abuso en el árbol, las siguientes generaciones se automutilan de diferentes formas: adicciones, anorexia, bulimia. “Lo que me hicieron, lo hago o me lo hago”. Sin embargo, en otro nivel más avanzado podemos combatir esta ley de la siguiente forma: “lo que no me dieron, lo doy o me lo doy”.
Es probable que tras una persona anoréxica aparezca una madre invasora, pero tampoco podemos olvidar otros actores familiares que pueden estar involucrados como un padre ausente o una hermandad conflictiva (en la que esté muy presente la competencia, la invasión, los celos y las comparaciones)
El rechazo de la alimentación puede ser tan grave que lleve al enfermo a la destrucción total. Afecta mucho más a la mujer, que repudia su propia feminidad: problemas con la regla, miedo a las “curvas” y al vientre abultado como símbolo de maternidad.
Un especialista puede resultar importante en estos casos, como también el afecto y las caricias que puedan transmitir unos padres atentos. Flexibilizar los conceptos de exigencia y orden. Saber valorar lo positivo evitando la identificación con la enfermedad. Desactivar el miedo a adentrarse en el mundo adulto. Por último recordar que una forma muy útil de luchar contra los abusos es mediante el ejercicio de confrontación
¿Por qué negarse a comer?
Negarse a comer es negar a la madre, la que asociamos con el alimento primario. En el árbol genealógico de anoréxicas, solemos encontrar madres invasoras que han utilizado a la hija (y menos frecuentemente al hijo) como pantalla de proyección de su propia neurosis.
¿Qué importancia tienen las primeras experiencias con el alimento?
El bebé, mientras es alimentado, generalmente por su madre, al tiempo que se satisface su hambre, recibe no sólo leche. El contacto, las caricias, el calor y toda la presencia de la madre, le proporcionan la experiencia de amparo, amor y atención.
¿Quedan asociadas las ideas de comida y amor?
La relación que mantenemos con la comida, es un fiel reflejo de la relación que tuvimos con nuestra madre cuando fuimos alimentados, según comenta Jomán Romero.
¿Y que papel juega el padre?
Hay muchos casos en los que el padre, puede que a causa de un nudo homosexual que permanece en la sombra, inconscientemente rechace su propia feminidad y al sexo femenino en general, por lo que la hija rechaza su propio sexo: bloquea su regla, afina sus curvas, no quiere hacerse mujer.
¿Los hermanos también tienen papel en la película?
Sí, porque el cuerpo es nuestro primer territorio. Si nos sentimos mal en él y lo percibimos distorsionado, es porque el ego material, el que se configura en las interacciones con nuestros hermanos (o figuras coetáneas de apego en hijos únicos), se encuentra insatisfecho. La competencia, la invasión, los celos, las comparaciones… injustos repartos de territorio a los que reaccionamos para compensar una inicial “la indefensión aprendida”.
¿Con un exceso de control y de competencia?
Así es. La obsesión por el control del peso, de la talla, de las calorías… intenta compensar la falta de control vivida en el territorio primario: la hermandad. Y también asoma la competitividad en las actitudes de la anorexia (hay incluso páginas web y blogs en las que rivalizan en torno al record semanal de pérdida de gramos).
Puntos para seguir en caso de sospecha de que una hija tenga problemas de anorexia:
1.- No dude en llevarla a un especialista en el tema para que evalúe su caso en particular y les ayude.
2.- El padre y la madre deben dedicar un tiempo al día para estar con la hija, hablarle y acariciarla juntos.
3.-Bajen el nivel de exigencia, orden, rigidez. Hay estudios que confirman que una mayoría de chicas anorexias se han criado en ambientes de sumo control, disciplina y exigencia.
4.-No hablen de su problema con terceros en su presencia, para evitar que se identifique con la enfermedad. A la pregunta “¿quién soy?”, no debe de responder nunca “una anoréxica”. Hay que referirse a ella respecto a todos los aspectos positivos de su persona, dejando a un lado la enfermedad.
5.- Valorar en su presencia los caracteres femeninos en general y los suyos en particular. En la anorexia hay un componente de prohibición a ser mujer.
6.-En presencia de la hija, el padre debe mostrar su parte femenina, en el sentido de su sensibilidad, su intuición, su afectividad, etc. Un componente de la anorexia es el rechazo percibido del padre a su yo femenino.
7.-En presencia de la hija, la madre debe hablar bien de su paso a adulta, evitando comentarios negativos respecto a la menstruación, las primeras relaciones con los chicos, “los peligros” de ser mujer, etc. En la anorexia hay también miedo, transmitido por la madre, a adentrarse en el mundo de ser mujer adulta.
8.-Hacer de las comidas momentos agradables y durante la digestión (que debe ser un espacio de tiempo de relax), organizarse para no dejarla sola, aprovechar para realizar alguna actividad creativa con ella.
9.-Modificar alguna rutina sencillas cada día que pueda traer quizás una sorpresa agradable, para que su mente aprenda que todo puede ser modificado y que los cambios traen consecuencias positivas.
10.- Darle responsabilidades haciéndole saber que ella tiene el control de ciertos asuntos. En la anorexia siempre hay un componente de miedo a la pérdida de control de lo que la rodea, por eso y para compensar, insisten en controlar lo más básico para subsistir: el consumo de alimento.
¿Cuánto vivieron? ¿Se amaban? ¿Qué tipo de vida llevaron? ¿Cuántos hijos tuvieron? ¿Cambiaron de territorio? ¿Enfermaron?
Desde la perspectiva de la psicogenealogía cuando vamos mucho más allá de los bisabuelos empezamos a inventar nuestro árbol genealógico. Investigar la vigésima generación, por ejemplo, puede responder a un deseo narcisista de encontrar un origen noble.
Estamos conectados por un inconsciente familiar que explica mucho de lo que sabemos, queremos, deseamos y hacemos. La lógica nos invita a pensar que la influencia de los antepasados disminuye cuanto mayor es la distancia en años que nos separa de ellos. Pero también es cierto que el árbol genealógico no funciona con las leyes de la lógica sino por la repetición.
Al estudiar a nuestros ocho bisabuelos podemos encontrar pistas sobre las creencias que nos limitan nuestra expansión intelectual, ideas políticas y religiosas, filosofías de vida, la moral, la ética, la forma de comunicarnos con los demás, etc. Otra pista de enorme utilidad consiste en examinar todas nuestras creencias que suelen aparecer en nuestra vida como juicios y críticas, planteándonos si se trata de pensamientos útiles y bellos o si por el contrario deberíamos transformarlas. No todo es negativo en el árbol genealógico, también encontraremos valiosos aliados que pueden impulsar nuestro crecimiento.
Un vientre en el que no anida un nuevo ser, puede estar obedeciendo a causas psicogenealógicas.
Nuestro cuerpo tiene su propio lenguaje y responde con síntomas y bloqueos a órdenes dictadas por nuestra famila. Estas respuestas corporales a veces son incompatibles con nuestros deseos, como en el caso de la esterilidad. ¿Si queremos ser padres, por qué ese hijo no llega? La respuesta puede estar en los árboles psicogenealógicos de los progenitores que han decidido dejar de dar frutos.
Entre las causas más comunes encontramos:
-En relaciones materno o paterno filiales conflictivas: No querer convertirme en mi madre (o en mi padre, en el caso de la esterilidad masculina). Inconscientemente podemos creer que al ser madre (o padre) nos convertimos en ellos.
-Familias con dificultades económicas con demasiados hijos no deseados.
-Muertes infantiles
-Abortos traumáticos
-Partos mortales
-Abusos y violaciones
Hay ocasiones en que la infertilidad es temporal. Por ejemplo: “si mi madre me tuvo con 40 años, no me doy permiso para quedarme en cinta hasta los cuarenta años”.
La reparación de estas huellas psicogenealógicas es fundamental para que la pareja pueda concebir al fin el hijo deseado.
Un vientre en el que no anida un nuevo ser, puede estar obedeciendo a causas psicogenealógicas.
Nuestro cuerpo tiene su propio lenguaje y responde con síntomas y bloqueos a órdenes dictadas por nuestra famila. Estas respuestas corporales a veces son incompatibles con nuestros deseos, como en el caso de la esterilidad. ¿Si queremos ser padres, por qué ese hijo no llega? La respuesta puede estar en los árboles psicogenealógicos de los progenitores que han decidido dejar de dar frutos.
Entre las causas más comunes encontramos:
-En relaciones materno o paterno filiales conflictivas: No querer convertirme en mi madre (o en mi padre, en el caso de la esterilidad masculina). Inconscientemente podemos creer que al ser madre (o padre) nos convertimos en ellos.
-Familias con dificultades económicas con demasiados hijos no deseados.
-Muertes infantiles
-Abortos traumáticos
-Partos mortales
-Abusos y violaciones
Hay ocasiones en que la infertilidad es temporal. Por ejemplo: “si mi madre me tuvo con 40 años, no me doy permiso para quedarme en cinta hasta los cuarenta años”.
La reparación de estas huellas psicogenealógicas es fundamental para que la pareja pueda concebir al fin el hijo deseado.
Los aislamientos pueden ser resistencias, Alejandro Jodorowsky las define como: “escorias del pasado, embutidas en nuestra mente por la familia, la sociedad y la cultura. Son los muros que nos mantienen encerrados en el pasado” Esos muros pueden tomar la forma de una neurosis de fracaso, de un nudo sadomasoquista, o uno incestuoso que nos encarcela en el interior de la familia, entre otras cosas.
Es conveniente recordar que aquello que nos hace diferentes, por defecto o por exceso y que la sociedad denuncia, es también el “don extraordinario” al que nunca deberíamos renunciar.
En un universo donde todo esta conectado el aislamiento es la muerte. Querer volver al interior del útero, donde las cosas se nos daban sin esfuerzo es un error. Parafraseando nuevamente a Alejandro Jodorowsky: “En este universo en perpetuo crecimiento, el que no avanza, retrocede.”
Deberíamos aprender de nuestras células, para ellas el aislamiento resulta algo inconcebible. Para salir del mismo y averiguar quienes somos debemos expandir nuestra consciencia. Y ahí llega el arte. El arte nos abre a otros mundos, a otras miradas, nos “muta” la consciencia. Por eso el arte es terapéutico y puede salvarnos.
Desde una mirada psicogenealógica, en los pies podemos situar la infancia. En la planta de los pies está el niño que todos llevamos dentro. También simbolizan el territorio, por tanto podrían tener alguna conexión con nuestra hermandad en el árbol genealógico.
Se suele decir que tras los problemas de pies se esconde el temor al futuro y el miedo a no poder avanzar en la vida. “Tener los pies en el suelo” significa estar arraigado. Los pies planos pueden conectarse, por contra, con la falta de estabilidad. ¿Caminamos sobre las puntas de los pies para no echar raíces en ninguna parte? ¿Nos apoyamos sobre el talón para rehuir? ¿Se separan las puntas de los pies al caminar mostrando que somos hijos de padres divorciados, o separados? ¿Queremos volver a la infancia cuando las puntas de los pies miran hacia dentro?
¿Andamos por la vida con unos anchos zapatos, para ir holgados, o estrechos para castigarnos por avanzar? ¿Nuestros zapatos terminan en punta fina punta para abrir nuevos caminos, ¿o en punta cuadrada que nos obstaculiza? ¿Altos, para que se note nuestra presencia en el mundo, o bajos para disculparnos por existir?
Unos actos psicomágicos relacionados con los pies, que Alejandro Jodorowsky ha comentado en algunas ocasiones:
1.- “Antes de salir a pisar la calle, perfumemos las suelas de nuestros zapatos” de esa forma empezaremos a amar la ciudad que pisamos todos los días.
2.- Para los que viven fuera de la realidad, fabricarse unos zapatos con suelas de plomo. De ese modo con cada paso que dan estarán más en contacto con el suelo-realidad.
3.- Para el que siente nostalgia de su territorio de la infancia, porque ahora vive en otro lugar alejado. Hay que traerse unos kilos de tierra de allí y meter los pies descalzos en esa tierra durante media hora al día, hasta que se supere.
Detrás de cada aborto hay un conflicto maternal o paternal. Analizar los embarazos que no llegaron a término en nuestro árbol nos proporciona información sobre la pareja de los padres, así como sobre la maternidad y la paternidad en los linajes respectivos.
Cuando el cuerpo no acepta al feto, lo vive como una carga, lo trata como un tumor. Lo expulsa en los primeros meses de gestación y se produce el aborto, o lo retiene y hace que se lo extirpen por cesárea.
El feto, con su forma de oreja, sale del nido porque es receptor de mensajes inconscientes de la madre en tono de rechazo: “me da miedo ser madre”, “no quiero ser responsable de ti”, “me asusta que salgas deforme”, “temo que mis padres sean abuelos y se mueran”…
Voluntario o involuntario, el aborto es una pérdida y los efectos psicológicos del mismo son semejantes a los que siguen a la muerte de un ser querido. Superar la pérdida implica aceptar y elaborar el duelo por completo, lo cual no es siempre posible. La psicomagia puede ayudar a superar esa pena profunda por el hijo o la hija al que no se verá crecer.
En psicogenealogía, los abortos como los hijos nacidos muertos y los niños que fallecen de manera temprana, cuentan como un hijo más, por las repercusiones que esas “pequeñas” existencias tienen en el resto de la hermandad.
Si es cierto que los oídos son para escuchar tanto lo que nos gusta como lo que nos disgusta, podemos preguntarnos: ¿Nuestra sordera nos protege de mensajes abusivos? ¿Qué es lo que no deseamos escuchar?
Hay diferentes tipos de sordera:
¿Tengo sordera psicológica? No escucho las cosas que no he podido experimentar.
¿Mi sordera es selectiva? Es decir, afecta sólo a uno de mis oídos. No soy capaz de prestar atención a los mensajes que me llegan por vía materna (oído izquierdo) o a través del linaje paterno (oído derecho)
¿Sordera congénita en posteriores generaciones? Los nuevos frutos del árbol nacen programados para no oír. Es posible que haya un secreto a proteger en el árbol genealógico.
¿Soy duro de oídos? Tal vez muestre mi inflexibilidad e intolerancia. No deseo escuchar ninguna recriminación.
En positivo, la sordera presenta la oportunidad de establecer un diálogo interior cuando falta el exterior.
El ser humano, a diferencia de otros animales, depende para sobrevivir del cuidado de los adultos de su especie durante un periodo relativamente largo de tiempo. La madre, por llevarlo nueve meses en su seno y por tener la capacidad de amamantarlo en sus primeros meses de vida, se convierte con frecuencia en el primer objeto de apego.
En contra de lo que la naturaleza programa y el bebé necesita, algunas madres no quieren a sus hijos y se cometen errores en su crianza, en forma de negligencias, abusos y barbaridades psicológicas.
Algunas madres convierten al hijo en algo de su propiedad. Otras sólo lo quieren para asegurarse que son mujeres. Existen madres muy infantiles, a las que el embarazo sólo les sirve para recibir un extra de cuidados y cariño. A ciertas madres les estorba el hijo una vez parido, éste se convierte en un obstáculo para su vida y no lo amamantan.
Las consecuencias psicológicas del tipo de crianza se manifestarán a lo largo de las etapas evolutivas del individuo que se amará y amará tal como lo amaron. La toma de consciencia y si es preciso el masaje de nacimiento pueden modificar la trayectoria de una vida destinada a la neurosis de fracaso o la depresión.
La madre sana es aquella que no necesita tener un hijo para realizarse. Lo concibe, lo gesta y lo pare desde la consciencia, lo ama, lo cuida y lo ofrecerle al mundo.
Cuando estamos construyendo nuestro árbol genealógico podemos encontrarnos con muchas puertas cerradas en forma de datos inaccesibles. Recopilamos información de un total de 14 personas como mínimo: madre y padre con sus respectivas hermandades. Los abuelos, sus hermanos y los bisabuelos. Recordemos que se necesitan los nombres y apellidos, profesiones, fechas de nacimiento, bodas y muertes. Hijos que murieron, abortos, enfermedades y acontecimientos importantes de sus vidas.
La primera recomendación es preguntar a los vivos del clan familiar. Otros datos muy concretos los podemos obtener consultado el registro civil y en los archivos parroquiales. A continuación nos tocará meditar sobre las partes que nos faltan, dejando que la imaginación, el inconsciente, rellene los espacios desconocidos.
¿Qué más podemos hacer?
Nos convendría saber que podemos buscar la ayuda de un arbolista (por la enorme dificultad que supone luchar contra las resistencias del árbol) Cada vez que nosotros “movemos algo” nuestro clan también se mueve por efecto del inconsciente familiar que trata de reequilibrar la situación para que nada cambie. Por eso se dice que construir el árbol genealógico es una verdadera toma de conciencia que sólo está al alcance del “héroe” de la familia.
El secreto es como un animalillo inmortal que se pretende ocultar en una generación, pero que en las siguientes reaparecerá ingeniosamente disfrazado.
Por vergüenza, por protección a los hijos o por diferentes miedos, hay hechos y circunstancias que las familias pretenden que no salgan a la luz. Estos secretos forman una estructura que se deslizará de diferentes maneras sobre las generaciones siguientes.
Los más comunes se refieren a enfermedades mentales, asesinatos, suicidios, violaciones, homosexualidad, incesto, prostitución, exilios, cárcel… Frecuentemente se manifiestan en los descendientes por medio de accidentes, fobias, repeticiones, psicosis, autismo, enfermedades congénitas que afectan a los órganos de los sentidos, quistes… Por ejemplo, una niña pierde la virginidad por accidente (una escopeta de juguete se le clava en el himen) en la misma fecha que su bisabuela fue violada, hecho que se mantuvo en secreto generación tras generación.
La realización personal de cada miembro del árbol y vivir en la autenticidad, tiene un gran valor profiláctico para la salud de nuevos frutos que estén por nacer.
La psicogenealogía indica que los problemas de territorio pueden estar conectados con problemas de hermandad. También pueden afectarnos en lo corporal y en el aspecto económico (ego material)
Respecto a nuestra hermandad podemos preguntarnos si nos dieron un sitio o no nos lo dieron. Investigar si nuestros padres querían una niña y fuimos un niño. Si había un preferido o preferida. Si hubo un aborto antes de nuestro nacimiento o después del mismo. Si hay un hermano muerto antes de nuestra llegada al mundo.
Cuando nacen mellizos o gemelos, puede suceder que se les trate como si fueran una única persona. En ese caso los dos pasarán a compartir el territorio que estaba destinado a uno sólo (un territorio dividido)
Los conflictos entre hermanos pueden tener como raíz que los padres los compararon. Muy importante es tomar conciencia de que todo lo que nos hicieron de niños ya que después de adultos nos lo haremos a nosotros mismos o se lo haremos a los otros.
Los problemas de territorio también pueden conectarse con el nudo incestuoso (hacerlo todo dentro de la familia) o con la neurosis espacial (tuvimos que compartir nuestro espacio con un hermano) No tener espacio propio pudo desembocar en que ahora necesitemos mucho espacio para vivir. Un buen consejo es que todos deberíamos disponer de un espacio “sagrado” inviolable donde poder recluirnos cuando lo necesitamos para evitar ser invadidos.
A los primogénitos se les recibe como los representantes del clan.
Sobre el hijo nacido en primer lugar recae la parte más pesada de carga del árbol y a medida que van naciendo hijos, el peso se va haciendo cada vez más liviano. Por carga nos referimos principalmente a proyectos frustrados de los padres, contratos de lealtad y duelos no resueltos de algunos ancestros.
Ellos pueden gozar de privilegios propios de llegar los primeros a la fratria y en algunos casos de apropiarse de un lugar de honor en el corazón de los padres, que viven a través de ellos su primera experiencia como progenitores, pero también son los que más sufren por sentirse destronados a manos de los hermanos venideros. Más adelante puede repetirse este patrón y sufrir de heridas narcisistas por el dolor que produce los desplazamientos del eje central dentro de cada grupo de relaciones.
En nuestra cultura de hoy, que hunde sus raíces en una sociedad patriarcal, se sobrevalora la llegada de un primogénito varón que asegure la continuidad del apellido del linaje paterno. Las mujeres que nacen en primer lugar, y más si se les bautiza por nombres masculinizados, pueden desarrollar un nudo homosexual.
Según la hipótesis de Karl König, el primogénito intenta conquistar el mundo, mientras que el segundo intenta vivir en armonía con el mundo y el tercero se inclina a eludir el contacto con el mundo.
¿Cuánto vivieron? ¿Se amaban? ¿Qué tipo de vida llevaron? ¿Cuántos hijos tuvieron? ¿Cambiaron de territorio? ¿Enfermaron?
Desde la perspectiva de la psicogenealogía cuando vamos mucho más allá de los bisabuelos empezamos a inventar nuestro árbol genealógico. Investigar la vigésima generación, por ejemplo, puede responder a un deseo narcisista de encontrar un origen noble.
Estamos conectados por un inconsciente familiar que explica mucho de lo que sabemos, queremos, deseamos y hacemos. La lógica nos invita a pensar que la influencia de los antepasados disminuye cuanto mayor es la distancia en años que nos separa de ellos. Pero también es cierto que el árbol genealógico no funciona con las leyes de la lógica sino por la repetición.
Al estudiar a nuestros ocho bisabuelos podemos encontrar pistas sobre las creencias que nos limitan nuestra expansión intelectual, ideas políticas y religiosas, filosofías de vida, la moral, la ética, la forma de comunicarnos con los demás, etc. Otra pista de enorme utilidad consiste en examinar todas nuestras creencias que suelen aparecer en nuestra vida como juicios y críticas, planteándonos si se trata de pensamientos útiles y bellos o si por el contrario deberíamos transformarlas. No todo es negativo en el árbol genealógico, también encontraremos valiosos aliados que pueden impulsar nuestro crecimiento.
La vida es como una sintonía que empieza con el sonido del primer latido y finaliza con el último.
Cuando un corazón deja de funcionar se acaba la vida. En un infarto que acaba en muerte podemos leer un mensaje de ese cuerpo ya cadáver: “me rindo”.
La impureza de corazón, el estrés, el miedo, el bloqueo afectivo, la soledad, el desequilibrio entre el dar y el recibir, hacen que este órgano motor enferme. La hipertensión, las arritmias, los soplos, las anginas de pecho, son avisos para que pongamos en orden nuestra vida emocional.
La sordera psicológica a estos síntomas, junto al arraigo a una identidad de víctima sufridora, llevó a muchos de nuestros ancestros a la tumba. Ante esta causa de muerte, podemos proceder a llenar nuestra propia vida y la de nuestra obra de momentos de gozo, de amor y de belleza.
Es posible que, como muchas enfermedades, su origen lo podamos situar en la infancia y esté causada por: una prohibición, una orden, una pérdida, sentirnos invadidos (abuso) o por una represión.
Los abusos suceden porque nos imponen algo o nos quitan algo en alguno de los niveles. Tras un abuso en el árbol, las siguientes generaciones se automutilan de diferentes formas: adicciones, anorexia, bulimia. “Lo que me hicieron, lo hago o me lo hago”. Sin embargo, en otro nivel más avanzado podemos combatir esta ley de la siguiente forma: “lo que no me dieron, lo doy o me lo doy”.
Es probable que tras una persona anoréxica aparezca una madre invasora, pero tampoco podemos olvidar otros actores familiares que pueden estar involucrados como un padre ausente o una hermandad conflictiva (en la que esté muy presente la competencia, la invasión, los celos y las comparaciones)
El rechazo de la alimentación puede ser tan grave que lleve al enfermo a la destrucción total. Afecta mucho más a la mujer, que repudia su propia feminidad: problemas con la regla, miedo a las “curvas” y al vientre abultado como símbolo de maternidad.
Un especialista puede resultar importante en estos casos, como también el afecto y las caricias que puedan transmitir unos padres atentos. Flexibilizar los conceptos de exigencia y orden. Saber valorar lo positivo evitando la identificación con la enfermedad. Desactivar el miedo a adentrarse en el mundo adulto. Por último recordar que una forma muy útil de luchar contra los abusos es mediante el ejercicio de confrontación
Nuestra energía emocional se conforma en gran medida por las experiencias vividas por nuestros cuatro abuelos.
Los rastros de memoria de estas dos parejas las llevamos instaladas en nuestro corazón, provocando sentimientos de mil colores que a veces no sabemos entender ni controlar. Bloqueos, celos, secretos, rabia y miedos nos sobrevienen en mayor o menor medida, de acuerdo con sus propias prohibiciones, abusos y traumas diversos. A menor nivel de consciencia, mayor será la influencia de esta energía heredada sobre nosotros.
Para llegar a conocernos es importante analizar la triada de nuestros padres, en la que los suyos respectivos dejaron un legado del que hoy somos receptores.
Debemos ver en la figura de cada abuelo un aliado, una joya preciosa que, aún cubierta de barro, aporta luz a nuestra vida. Si nos damos lo que a ellos les faltó, los realizamos y nos realizamos a un tiempo. Así, la siguiente generación ganará en nivel de consciencia, crearemos progresivamente un ADN más sano.
Preguntémonos: ¿Qué sentido metafórico tiene acumular la grasa o el líquido en este lugar de mi cuerpo? ¿Qué es lo que en realidad acumulo y para qué? ¿Por qué no dejo fluir la energía y las emociones? ¿Qué oculto tras la grasa? ¿A quién o a qué me parezco con esta imagen? ¿He sido visto por mis padres? ¿He tenido suficiente espacio para crecer entre mis hermanos? ¿Estoy alimentando mi falta de amor con exceso de comida?
El alimento está conectado a nuestro ego material que es la base donde se asientan los demás centros. Según la psicogenealogía tendemos a repetir lo que nos han hecho. Por tanto si en nuestra infancia nos obligaron a comer en exceso, tal vez porque el alimento sustituía a la atención, de mayores podemos ser obesos. Podemos definir la obesidad como una acumulación de grasa o energía estancada que actúa como un seguro a todo riesgo (donde no invierto, solo acumulo por miedo a que me falte)
¿Me defiendo de la adultez acumulando grasa en el abdomen? ¿De mi talento creativo aumentando el tamaño de las nalgas y caderas? ¿Asocio belleza con agresión sexual y engordo para protegerme, para que no me miren?
Incluso: ¿Tengo una madre invasora que abusó de mí? Una niña empezó a engordar para que su madre la quisiera y se preocupara de ella como de su abuela que había enfermado y ahora estaba en su casa robándole toda la atención. Alejandro Jodorowsky le recetó que comprara tantos kilos de huesos para perros como los que ella tenía en estos momentos de sobrepeso. Llevar toda esa carga en una carretilla hasta el cementerio donde estaba enterrada su abuela y decirle:”abuelita, estos kilos son tuyos, no son míos, me libero de esta carga”…
Muy importante es comer de a cuerdo al hambre no a las necesidades de afecto. El siguiente cuento lo ejemplifica perfectamente:
Frustrada de seguir tantas dietas inútiles, acudió a un sabio maestro:
-Estoy desesperada, por más que lo intento no logro bajar de peso.
-Cuelga un cartel en tu cocina que diga: “Nunca el azúcar, las patatas, ni el jamón, podrán llenarme ni el sexo ni el corazón”
En la dieta ideal hay que comer a diario frutas, verduras, cereales, pescado, lácteos, etc. Y debemos limitar el consumo de productos procesados, bollería, dulces y bebidas gaseosas.
El miedo al sufrimiento por el hijo muerto, lleva inconscientemente a los padres a concebir un nuevo hijo que suplante al anterior.
Cuando los padres asisten al fallecimiento de un hijo (puede ser a consecuencia de aborto, complicación en el parto, a un accidente o a una enfermedad infantil), el mecanismo autosanador del duelo supondría padecer el dolor extremo de aceptar la pérdida. Muchos padres evitan ese camino y muy pronto se puede activar en ellos una estrategia que consiste en concebir a otro hijo que reemplace al muerto. El nuevo bebé nace con el contrato de llenar el vacío que su hermano dejó: “Para existir y que mis padres me amen, debo ser mi hermano”.
En la mayoría de los casos nace con el mismo sexo y se le bautiza con el mismo nombre. Las fechas de concepción y nacimiento también pueden coincidir con las mismas del fallecido, con las de su misma muerte o entierro. En lugar de despedir al muerto, su identidad se “instala” en el recién nacido, de modo que se bloquea el luto por el primero.
Un niño que fallece se mitifica, es un ángel, un bendito que hubiese satisfecho todas las necesidades de la familia. El hijo de reemplazo vivirá con culpa y frustración no estar a la altura de ese al que sustituye y puede desarrollar lo que llamamos una neurosis de fracaso.
Agradecemos mucho vuestros comentarios. ¡Un abrazo a TOD@S!